Hogar y Familia

Promover valores humanos, familiares y sociales que hagan posible la conformación de una sociedad basada en los principios del Cielo.

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Conoce los castigos del siglo XXI para tus hijos

"Un buen castigo a tiempo te evitará muchos dolores de cabeza en un futuro", se suele decir. Recuerdo que mis padres me castigaban dándome, nalgadas, pellizcos o inclusive me pegaban con el cinturón. Definitivamente, yo nunca castigué a mi hijo de esa forma.



Los gritos y golpes no son una buena manera de hacer que los hijos comprendan las consecuencias de sus actos; además, entre más violencia experimenten en su niñez, más difícilmente aprenderán a controlar sus emociones. Encima, estaremos educando hijos violentos y es muy probable que cuando tengan un problema que los rebasa, su primera reacción será la violencia.


Claro que hay acciones de nuestros pequeños que nos sacan de nuestras casillas y fácilmente perdemos el control, pero todo se puede arreglar cuando nos comunicamos correctamente. ¿Recuerdas haber escuchado que las palabras buenas o malas son muy poderosas? ¡Imagínate los golpes!

Todos los castigos o reprimendas que hagamos a los hijos, deben aplicarse conforme a la edad y la gravedad de sus actos. Por ejemplo: cuando son pequeños es normal que hagan travesuras por querer explorar el mundo que los rodea, así que un castigo para ellos es cuando cambias tu tono de voz (de amoroso a firme); de ese modo identificarán cuando estás molesta.



Por otra parte, cuando los niños van al colegio se enfrentan a un mundo social más allá del hogar; en esa etapa toman conciencia sobre las cosas buenas o malas. Un castigo puede ser prohibirle por un tiempo corto algo que les guste hacer. Cuando son adolescentes o jóvenes, son independientes en muchos aspectos, así que aquí no hay castigos severos, sino pláticas, conversaciones y negociaciones.

Debes aprender a ser firme y llevar el castigo hasta el final, de lo contrario tu hijo repetirá la misma mala conducta una y otra vez. Déjame guiarte paso a paso:

1. Escucha con atención

La comunicación es la base de todo entendimiento, así que antes de enojarte porque tu hijo no te hace caso, debes explicarle las cosas que son correctas y las que no, de acuerdo a tus reglas y límites. Por ejemplo: no subir al auto con comida, no ir a la tienda solo, no consumir drogas; en todos los casos, debes explicar claramente la razón de la prohibición, de modo que entienda su sentido.

La clave de que tu hijo no vuelva a mostrar un mal comportamiento, es enseñándole las razones detrás de los límites y las consecuencias de sus actos. Antes de castigar, refuerza el comportamiento mediante alguna recompensa o premio por su buena conducta, así tu hijo comprenderá lo que es correcto y no.

Te recomiendo siempre aislar a tu hijo y llevarlo a un lugar donde solo tú y él puedan conversar; el ambiente es muy importante, no corrijas sus errores ante una gran audiencia.



2. Un momento para pensar

Después de una mala actitud de tu hijo y de explicarle las razones malas de su comportamiento, es fundamental darse un respiro que les permita reflexionar a ambos sobre las consecuencias de lo sucedido. Así le estarás enseñando que es bueno pensar, calmarse y buscar soluciones cuando la situación es conflictiva.

Muchas veces los niños solo buscan llamar la atención de los padres con comportamientos negativos, así que no te alarmes y mejor comunícate, escúchalo y sé firme cuando impongas tus reglas.

3. Cambia el sentido de tus palabras

No es lo mismo decir: "No te voy a dejar jugar, si no comes", que decir: "Si comes, pronto irás a jugar". Si cambias el sentido de tus órdenes o reglas de manera positiva, tu hijo se esforzará para cumplir con tu petición, porque se motivará para hacer lo que le gusta.

Si deseas saber más sobre el poder de las palabras, te recomiendo leer: Palabras mágicas para definir el futuro de tus hijos.

Recuerda castigar conforme a la edad de tus hijos, pero antes de hacerlo, conócelos, platica, escúchalos y compréndelos.
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Una nueva adicción entre los adolescentes: entérate y protege a tu hijo




Gastón tiene trece años y no se siente feliz, en sus propias palabras: "Este mundo es una porquería y nada me hace feliz". Se pasa horas dándole vueltas a cualquier problema por pequeño que sea. Ha perdido el sentido del humor, vive amargado y se enoja por todo. Es muy autoexigente todo el tiempo.



Si falla en algo no se lo perdona y cada frustración es una fuente de estrés inagotable. Ante cualquier problema se paraliza. No tiene fuerzas para ponerse a estudiar. Vive desesperanzado, nada lo satisface y no tiene metas de ningún tipo. Vive en una tensión constante y con múltiples contracturas musculares.

Tiene una baja tolerancia a la frustración y, si algo lo frustra, se siente triste todo el día. Su vida se ha tornado como un viejo tango, donde el tiempo pasado fue mejor y vivir en el presente es una agonía. Vive encendido, el celular se ha vuelto un miembro más de su cuerpo y su mundo ha dejado de ser real para tornarse virtual.




Sí, Gastón está desmotivado. En él, como con muchos otros adolescentes, la desmotivación se ha tornado una adicción, porque sus familias, para no verlos de ese modo, optan por darles lo que piden a cambio de estar menos tristes o más motivados. El problema es que esto no soluciona las cosas de fondo por lo que, a la larga, terminan nuevamente desmotivados y así el ciclo continúa. ¿Qué les sucede?

Estos adolescentes tienen algunas características en común: carecen de reglas, no tienen límites claros, no tienen responsabilidades y pasan solos mucho tiempo, tienen de todo. Si reconoces a tu hijo en Gastón, por favor sigue leyendo, a continuación te doy algunos consejos para aplicar en tu relación con tu hijo adolescente.

1. Abre el diálogo

A Gastón y a tantos adolescentes les falta conocer su motivación, qué es lo que los hace felices y no limitarse a ver pasar la vida por la puerta de su dormitorio. Es muy importante que tu hijo tenga la necesidad de sentirse satisfecho consigo mismo, sólo de ese modo la motivación se dirigirá hacia algo, ya sea el aprendizaje, el trabajo, los vínculos. Para lograr esto crea un entorno de confianza donde él pueda expresar sin miedo sus sentimientos y emociones. No te apresures a decirle que "esas son ideas disparatadas". Escucha con empatía y sin prejuicios.

2. "¿Sabes dónde te gustaría verte dentro de unos años?"

Esta pregunta anima a la reflexión, no limites sus respuestas, ni coartes su forma de expresarse, permite que tu hijo exprese lo que tiene dentro de su corazón y te cuente aquello que lo hace vibrar. Anímalo a ponerse metas para lograrlo. Incluso cuando tu hijo tenga un sueño que para ti no es factible, no lo desmotives, ni le desanimes, lo importante es que hay algo por lo cual él se apasiona.

3. "¿Para qué quieres eso que quieres?"

La motivación no se puede imponer pero sí se puede descubrir. Quizás tu hijo no tenga muy claro qué es lo que quiere en un par de años para su vida, pero estoy segura que ante la pregunta ¿para qué quieres eso? en su respuesta demostrará qué es lo que necesita para ser feliz: "Para ayudar a otros", demuestra mucho de sí y de lo que le da significado a su vida.

4. Ajusta el uso del tiempo y los espacios

En la adolescencia es fundamental que tengan tiempo para socializar, divertirse y distenderse, pero es importante que el permiso para salir fuera de casa, las horas frente al televisor, videos juegos, celular y Tablet sean pautados. Como regla promedio no debe superar las dos horas diarias. Del mismo modo fija normas sobre las salidas en tiempo de clases. Muchas veces la desmotivación surge por tener mucho tiempo libre.

5. Cumple con las consecuencias

En vez de hablar de "castigos", dile que por no cumplir con las reglas del hogar, o con sus rutinas diarias habrá consecuencias de sus faltas: si no estudió a la mañana, deberá hacerlo luego de almorzar, sin importar si a esa misma hora dan su programa favorito y es el último capítulo; si no ordenó su cuarto el jueves, lo deberá hacer antes que lleguen sus amigos el fin de semana, aunque eso reduzca sus horas para divertirse. Este tipo de acciones generará en tu hijo el deseo de cumplir con sus obligaciones diarias.

6. Muestra interés por su vida

Difícilmente tu hijo se sentirá motivado si tú no estás presente en su vida. Cada día mantente involucrada en sus cosas, sus estudios, nuevas amistades, lugares donde fue y aunque el sueño te venza busca un tiempo para estar a solas con él y hacer algo juntos.


La desmotivación puede hundir a tu hijo, si tú no intervienes a tiempo. Que tu amor por tu hijo y tus ganas de ayudarlo sean el motor para reforzar en él las ganas de darle sentido a su vida.
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Concejos para ayudar a tus hijos en situaciones difíciles
















Cómo ayudar a tu hijo cuando le han roto su 

corazón


Deja que pase su duelo

Por más que te duela, permite que tu hijo llore, que afronte la realidad del momento, que exprese libremente su dolor. Escúchalo y comparte con él tus experiencias de vida. Déjale claro que es normal que todos experimentemos decepciones por el amor, que el tiempo sana las heridas y que algún día encontrará a la persona que lo valorará y amará con sinceridad y compromiso.

Mantén su mente ocupada
Un antídoto para no pensar en esas cosas negativas y dolorosas que acarrea una decepción en el amor juvenil, es desarrollar cualquier actividad física, artística o cultural que a tu hijo le agrade; de este modo podrá externar sus emociones. Por nada del mundo dejes que se la pase encerrado en su cuarto, se deprima o que se sienta solo y abandonado.

 Que expanda sus círculos

Si se mantiene triste o desmotivado aún con tu apoyo, sugiérele experimentar cosas nuevas: hacer un viaje, ir a un concierto, pintar o leer, aunque no haya antes procurado estas actividades; algo que le ayude a ampliar sus círculos sociales (como escalar paredes, entrar a un gimnasio, patinar, integrarse a un coro o grupo musical): verás que su energía negativa desaparecerá y se rodeará de gente que lo aprecie y le brinde cariño y comprensión.

 A contemplar nuevas metas
Quiero pensar que todas las personas tenemos alguna meta en la vida, pero cuando se trata de un joven decepcionado por el amor, esto es difícil, porque a esa edad se cree que ya no hay nada nuevo que lograr. Impulsa a tu hijo a que conciba nuevos sueños y ayúdalo a conquistarlos, oriéntalo para que con tu amor y apoyo lo logre.

Si uno es pesimista, puede pensar que toda experiencia amorosa que no tiene un final feliz deja una cicatriz en el corazón y en nuestra memoria. La cierto es que esas experiencias también nos dejan muchas enseñanzas que nos hacen crecer y nos hacen encontrar la madurez. Sí, todas esas cos
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Concejos de como enseñarles a sus hijos que sean obedientes, aun cuando los padres no estén con ellos..


Evitar tomar atajos

la mayoría de las personas desobedientes siempre llegan antes porque toman los atajos, conocen mil rutas alternas, no aceptan reglas o simplemente las ignoran y al final se presentan con cara de triunfo: se creen mejores porque lo reciben todo sin esfuerzo alguno; porque realizan cosas que de alguna manera los hace superiores, populares, les da éxito y van adelante. 
Buscar la sabiduría

para las personas obedientes no hay salteo de reglas, un solo camino se avista de lejos y el camino recto los mantiene firmes. Además, respetan la experiencia de aquellos que fueron antes que ellos y obedecieron y hubo consecuencias y privilegios. Se complacen, además, en seguir los buenos ejemplos.



Tomar decisiones propias

la mayoría de las personas populares corren donde están las multitudes, y por ellas miden sus decisiones. Hacen lo que todos hacen, pero con el tiempo se dan cuenta cuántas equivocaciones, desilusiones y extravío fueron las consecuencias de haber hilvanado la desobediencia a lo largo de sus vidas, pero lo que más les pesa es que otros decidieron por ellos cuando les seguían. 
Hacer lo correcto especialmente cuando nadie está mirando


el camino del obediente siempre está más claro, siempre despejado, dando más ensanchamiento a pasos prudentes y seguros. En este camino casi no anda nadie, la vía está firme, allí amanece, brilla el mediodía y cuando el atardecer refleja su luz para que marchemos, y demos paso a la noche calma y un nuevo amanecer con esperanza. El hacer lo que es recto también incluye hacer el bien aún cuando nadie está viendo nuestras acciones.

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Enseñarle con amor a tus hijos la importancia de la obedientes.

Vivimos en un mundo donde los valores morales están desapareciendo; donde es muy fácil para los hijos ser engañados por la tendencia de que desobedecer a los padres “está de moda”. Muchos padres se preguntan cómo pueden enseñar a los hijos las ventajas de la obediencia, así como el reconocer que la desobediencia siempre traerá desventajas. Por regla general se sabe que la obediencia trae como consecuencia la felicidad y la paz absolutas, mientras que la desobediencia acarrea dudas, temor y falta de confianza en las personas. Cuanto antes podamos enseñar este principio a los hijos, mayores serán las recompensas que ellos lograrán en sus vidas.
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CONCEJOS PARA QUE DESCUBRAS QUE TIPO DE PADRE ERES.


 Padre por compromiso

O lo que es lo mismo, el que no va más allá de las obligaciones económicas como alimentación y ropa. Estos padres no se preocupan por establecer un vínculo, ni por formar parte de la estructura educativa de la familia. El peligro de esta categoría es que se replica con facilidad en los padres que en algún momento llegarán a ser los hijos.
Padre objeto

Puede confundirse con la anterior, pero no es lo mismo. En la primera, son padres que no les interesa serlo y cumplen con lo imprescindible; el padre objeto, en cambio, está convencido de que ser padre se trata únicamente de abrir la cartera. Ambos emocionalmente provocan un vacío en la crianza de los menores.
Padre "macho"
Estos padres son irrespetuosos, violentos e indiferentes con sus esposas y con los hijos. Delegan la responsabilidad de educar en las mujeres, pues la mentalidad es que para eso están ellas y para castigar y ejercer autoridad, ellos. 


 Padre ambivalente

Estos padres son una cosa ahora, y otra al rato. Lo mismo son padres inflexibles, que padres permisivos. El problema es que envían señales que confunden a los niños y no les permite tener certezas de nada, y eso es dañino para su desarrollo emocional.
 Padre plural
Cuando se trata de ser un papá de 10, la opción correcta es la cinco: alguien capaz de intercalar las necesidades del niño como niño, el niño como sujeto que debe ser educado en consonancia con los intereses del propio padre; que cambie la palabra rígido por la de flexible. Alguien dispuesto a hablar, pero sobre todo a escuchar.
Cualquiera puede ser padre, pero no todos saben serlo. Podrán existir muchas formas de ejercer la paternidad, pero sólo una de ser un papá verdadero. Y es aquel que se preocupa y se ocupa, que reconoce la importancia de su persona en la vida de sus hijos, que sabe ser fuerte sin ser violento. Que guía sin amedrentar, que acompaña sin opacar y que ama sin acaparar.
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Los hijos son un regalo hermoso de Dios es por eso,padre debes ser un modelo a seguir de tus hijos.


 Parece mentira, pero es verdad: entre los hombres sigue prevaleciendo la idea de que, como padres, con dar el apellido basta. Afortunadamente, esta creencia comienza a estar en desuso, aunque a paso lento, tal como ocurre con todos los procesos evolutivos.

Mientras tanto, se sigue hablando de las mujeres como responsables de la educación de los hijos, siendo que ellos, al igual que nosotras, son tinta indeleble cuando se trata de la influencia que dejan. Es cierto que sobre las madres recae gran parte de la responsabilidad, pero hay que subrayar que "gran parte" no es toda la responsabilidad.

Un padre ausente, negligente o abusivo tira por tierra todos los esfuerzos del resto de la familia por proveer de armonía, estabilidad y afecto a los hijos. Pese a su importancia, nadie educa a su hijo varón para que sea un buen padre. Si acaso se lanza un escueto, "Cuando tengas hijos entenderás", que llegado el momento hace evidente que no entendemos nada.

La paternidad no es un objeto que se acomode en una caja, ni un discurso que se lee o se pronuncie ante un auditorio. Es más una experiencia que se vive. Aun así, existen estilos de ser padre, y casi todos marcarán para mal la personalidad de los pequeños. Pensando en que te reconozcas .
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Cuando llegan las dificultades con los hijos, es importante la comunicación con amor para mejorar la situación...




  • Esto es lo que Dios te quiere recordar 
    cuando la vida se pone difícil 

    Todos hemos pasado por buenas y malas rachas: la muerte de un ser querido o una penosa enfermedad de alguien a quien amamos, desempleo, soledad, o incluso un pariente descarriado. Estas pruebas nos arrancan de la cotidianeidad y nos cimbran por dentro de una manera tal, que volvemos a plantearnos el sentido de nuestra vida y de nuestras relaciones. 

    Lamentablemente, en muchos casos pareciera que nuestra relación con Dios está condicionada a las pruebas de la vida porque por lo general cuando nos va bien, en el mejor de los casos agradecemos un poco, pero después de la fiesta se nos olvida. Si tú has sentido en carne viva el dolor de una experiencia difícil, estoy segura que Dios ha captado tu atención y, seguramente, has iniciado el diálogo con un sentido, preguntando: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? 

    ¿Es un castigo lo malo que nos sucede? 

    Me cuesta mucho curar a mi hijo cuando se lastima. Es imposible lavarle la herida, pues lo que él quiere es solamente que deje de doler para seguir jugando. Sin embargo, como madre suya, es mi deber tomarlo en mis brazos y curarlo con detalle, para evitar una infección o algún otro daño. 

    Me gusta pensar en Dios como Padre. Me lo imagino grandioso, benigno y paternal. Lo percibo mirándome a través del sol cuando me iluminan y calientan sus rayos. Y este Dios poderoso no creo que se toque el corazón para tomarme a mí y a ti entre Sus manos y curar nuestras heridas. No se trata de ser masoquista, es cierto que duele y a menudo hasta le reclamamos Su firmeza al tallar las heridas que, seguramente, nos hemos provocado al tomar caminos equivocados. Pero debemos creer en Él, y confiar. Debemos dejarnos "curar 


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LOS NIÑOS Y LAS MENTIRAS

Camila tiene cinco años. La semana pasada la maestra de educación infantil citó a los padres para plantearles el problema que, al menos en la clase, Camila presenta: miente constantemente.

De hecho, la profesora estaba convencida de que el padre de Camila era médico, cuando en realidad es economista, y de que Camila tenía dos hermanos mayores, Pablo y Marcos, de 12 y 13 años.

¿Cuántas veces nos ha tocado, como padres o profesionales, estar frente a la mentira de un niño?

Veamos algunas pautas que pueden servir de base para una reflexión del problema y para abordar con mayor serenidad el tema de la mentira en los niños.

TIPOS DE MENTIRA

Cuando le decimos a un niño “Estás mintiendo”, debemos tener mucho cuidado ya que un niño que miente no siempre lo hace con intención.

Normalmente, los niños menores de 7 años tienden a confundir la realidad con la fantasía. De ahí que sus juegos parezcan tan vívidamente reales. Este tipo de “mentira” es inocente, sin premeditación y sobre todo no pretende conseguir ningún beneficio.

A partir de los 7 años aproximadamente, el niño empieza a tener mayor conciencia de su realidad y se da cuenta de que a veces falseando la verdad puede conseguir ciertos beneficios personales.

También hemos de tener en cuenta que los niños pequeños tienen la creencia de que sus padres lo saben todo, y que incluso tendrían la capacidad de leer sus pensamientos. La aparición de la primera mentira a los padres, la posibilidad de guardar algún secreto, es de suma importancia para reconocer las limitaciones paternas, impulsando su desarrollo psíquico al percibir el niño que él es una persona diferenciada de sus padres.

¿POR QUÉ MIENTE EL NIÑO?

Queda claro, entonces, que en niños pequeños la mentira se da como parte de su juego, como vivencia de su fantasía en la realidad. Cuando el niño mayorcito miente, puede ser por diversas razones:

1. Como imitación al padre o a la madre que miente. Los niños, dicen, son como esponjas que absorben todo. Si ellos observan y viven la mentira de manera cotidiana, aprenden a mentir como un acto normal y cotidiano. La actitud de los padres alienta muchas veces la utilización de las mentiras cuando, a partir de ciertos interrogantes que los pequeños plantean sobre temas que hacen referencia al origen de la humanidad, al nacimiento, a la muerte, las respuestas o explicaciones que se les dan no van de la mano de la verdad o de sus creencias, alegando que los niños “no entienden o no se dan cuenta”. Debemos tener en cuenta que las preguntas que los niños realizan están en estrecha relación con su propia historia, con su origen; son el principio de sus cuestionamientos.

2. Por miedo. Suele ser la causa más común de la mentira en los niños; falsean datos por temor a la desaprobación o al castigo por parte de la madre o del padre.

3. Ante la exigencia. Exigimos mucho al niño y tiende a hacernos creer que está al nivel de nuestras expectativas. Miente para no defraudarnos.

Sea cual fuere la causa concreta de la mentira, es señal de que el niño está en apuros.

¿CUÁNDO PREOCUPARSE?


No siempre la mentira es tan grave como para preocuparse. Cuando la mentira surge de la fantasía, desaparece normalmente con la madurez del niño. Deberíamos preocuparnos únicamente si es recurrente o si se presenta como:

a. Mentira patológica. La famosa “mitomanía”, que surge del niño que intenta persuadir y convencer a los demás de la realidad de sus relatos.

b. Mentira neurótica. Aparece como producto de un nivel elevado de ansiedad en el niño o del temor en general. Por ejemplo, el caso del niño que habitualmente miente acusando a sus profesores de mal trato para ocultar su rechazo escolar.

Lo primero que tenemos que hacer como padres o maestros es determinar con qué tipo de mentira estamos lidiando y, sobre todo, qué la está motivando, para no equivocarnos en la intervención. La actitud que tengamos va a ser decisiva. Será necesario:

1. Reaccionar con calma, aunque con severidad.
2. Felicitar o premiar al niño que confiesa la verdad. Si lo castigamos a pesar de que ha confesado, estamos reforzando su hábito de mentir (la próxima vez lo hará con más cuidado para que no lo descubran…)
3. Favorecer un ambiente de confianza, en el que el niño se anime a contar sus travesuras y sus errores.
4. Estar alerta. Por mucho que amemos a nuestros hijos, tenemos que aceptar que a veces fallan, que no son tan perfectos e ideales como los hemos imaginado.

Los padres son el modelo de mayor importancia para los hijos. Deben tomarse tiempo para hablar seriamente con él acerca de:

a) La diferencia entre la fantasía y la realidad, la mentira y la verdad.
b) La importancia de la honestidad en el hogar y en la comunidad, y las alternativas a la mentira.

Si el niño desarrolla un patrón serio y repetitivo de mentira, entonces se necesita ayuda profesional, aunque es mejor prevenir que curar.

Conclusión

La mentira pone de manifiesto un fallo de la personalidad, una pendiente hacia el aislamiento y la desconfianza. Es necesario educar para la franqueza y la confianza mutuas, que es lo único que garantiza el equilibrio y la felicidad.

¡Ánimo padres! Un gran reto nos espera en la formación de la honestidad en nuestros hijos.




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Las Mamás no pueden hacer de Papás, ni los Papás pueden hacer de Mamás.




Fue Dios quien creó el matrimonio entre un hombre y una mujer, y también fue Dios quien creó a los papás y a las mamás para criar a sus hijos. Las mamás no pueden hacer de papás, ni los papás pueden hacer de mamás. Los dos sexos son diferentes y necesarios para el desarrollo integral de los niños. Papá y mamá aportan modelos y estilos diferentes, equilibrio, seguridad, confianza, estímulo y madurez.

Por tanto es sencillo deducir que los niños criados por parejas del mismo sexo crecerán en clara desventaja. Quedarán privados de los beneficios que sus papás y sus mamás les podrían aportar. Como resultado sufrirán carencias, inseguridad, falta de confianza, dependencia y falta de equilibrio emocional. Correrán un riesgo de abuso y de explotación por parte de los adultos. Les surgirán confusiones con su propio sexo y tendrán dificultades en su proceso de vinculación. Y cuando lleguen a su edad adulta se les hará muy difícil respetar a otros hombres y mujeres.

“El hogar es una institución proveniente de Dios. El ordenó que el círculo de la familia: el padre, la madre y los hijos, existiese en este mundo como una sociedad”. (HC, 188)

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PREPARAN A SUS HIJOS PARA LA VIDA DE MANERA DIFERENTE




Papá tiende a ver a su hijo en relación con el resto del mundo, mientras que mamá tiende a ver al resto del mundo en relación con su hijo. Mamá se preocupa más por las cosas del exterior que pueden dañar a su hijo y tiende a protegerles, como accidentes, malas compañías, enfermedades, adicciones, relaciones con el otro sexo, etc. Papá tiende a enfocarse más hacia la preparación de su hijo para afrontar esas situaciones. Los papás también ayudan a sus hijos a comprender que cada comportamiento tiene unas consecuencias, por ejemplo que si es agresivo no tendrá amigos, o si no estudia no tendrá una profesión.

En la vida de un hijo es trascendental la etapa de transición entre la dependencia paterna y la independencia. Es un proceso lento que dura varios años. A medida que los hijos entran a la edad adulta, los papás les ayudan a vincularse con el mercado de trabajo. Cuando el padre no está presente, los hijos tienden a quedarse más en casa sin buscar trabajo. Los papás impulsan a sus hijos a prepararse para la lucha de la vida, mientras que las mamás los ayudan a protegerse de esa lucha. Estas dos formas de concebir la vida son necesarias para que los niños se conviertan en adultos maduros. “Los hijos son propiedad de Dios confiada a los padres (papá y mamá)”. (HC, 253)


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PAPÁ Y MAMÁ EDUCAN DE MANERA DIFERENTE



Los papás educan más basados en las normas, enfatizan el deber y la justicia. Exigen el cumplimiento de las reglas, lo cual enseña a los niños la objetividad y las consecuencias de sus acciones. Las mamás educan más basadas en las relaciones, enfatizan el cuidado, la ayuda, la compasión y el perdón, lo cual provee un sentido de esperanza. “El padre y la madre deberían ser los primeros maestros de sus hijos” (CN, 21).

Una vez más, no es bueno que se utilice únicamente uno de estos estilos educativos. Papá y mamá, con sus diferentes formas de educar, proporcionan un sano equilibrio a sus hijos que no pueden aportar una pareja homosexual.





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MAMÁ Y PAPÁ HABLAN DE MANERA DIFERENTE



Mamá y papá también se comunican con sus hijos de manera diferente. Mamá se pone al nivel del niño y simplifica sus palabras, lo que facilita la comunicación inmediata. Papá no modifica tanto su lenguaje y eso dificulta la comunicación inmediata, pero estimula al niño a ampliar su vocabulario. El papá se comunica con el niño de forma más directa y breve, utiliza más el lenguaje corporal y las expresiones faciales. La mamá tiende a ser más descriptiva, más personal y anima más a sus hijos con sus palabras.

Los niños que no están expuestos diariamente a estos dos tipos de comunicación, no aprenden a utilizarlos mientras crecen. Quizá los aprendan más tarde lejos del hogar, pero en muchos casos ya será demasiado tarde. “Los primeros tres años son el tiempo cuando se dobla la diminuta rama… Es cuando se establece el fundamento (de la personalidad)… Las lecciones que aprende el niño en los primeros siete años de vida tienen más que ver con la formación de su carácter que todo lo que aprende en los años futuros… Los padres deberían ser los únicos maestros de las mentes de los niños en esa edad”. (1MCP, 153,154)




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PAPÁ FOMENTA LA SUPERACIÓN Y MAMÁ LA SEGURIDAD



En un parque infantil se escucha a los papás decir: “¡Sube más arriba! ¡Colúmpiate más alto! ¡Pedalea más rápido! ¡Corre más!”. Y contrariamente las madres dicen: “¡No subas tan alto! ¡Ve más despacio! ¡Cuidado no te caigas!”. Los papás animan a sus hijos a que se esfuercen y arriesguen, y las mamás los animan a protegerse y a ser más prudentes.

El estilo de los papás fomenta el riesgo, la competencia, la confianza, la independencia y la superación. Mientras que el estilo de las mamás tiende a evitar el riesgo, pero fomenta la estabilidad, la sensatez y la imparcialidad. Los dos estilos proveen seguridad y confianza en el desarrollo de los niños.





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MAMÁ Y PAPÁ JUEGAN DE FORMA DIFERENTE


Los papás orientan los juegos con sus hijos hacia lo físico, la acción y la competición en un 70 por ciento. Lanzan a sus hijos hacia arriba, los suben a sus espaldas, los persiguen, los hacen correr y competir, forcejean y cosquillean. Los papás tienen más contacto físico y son más bruscos. Las mamás sólo juegan así en un 4 por ciento. Ellas juegan más tranquilas, son más dulces, acurrucan a sus hijos y tienden a cuidar de ellos.

Aún así, los niños que juegan con su papá aprenden a canalizar su fuerza de manera positiva. La propia actividad les lleva a dar patadas o a morder, pero el papá les enseña que “contacto sí pero violencia no”. Aprenden autocontrol cuando se les dice “¡ya basta!” o “¡cálmate!”. Los niños y las niñas necesitan tanto la ternura de la madre como la rudeza del padre. Los dos estilos se complementan y aportan un equilibrio entre la calma y la acción.




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PAPÁ Y MAMÁ ENSEÑAN A SUS HIJOS A RESPETAR AL OTRO SEXO



Los niños y las niñas aprenden de su mamá y de su papá cómo deben tratarse y respetarse los hombres y las mujeres. Las niñas ven a su mamá relacionándose con su papá de forma cariñosa y confiada, y así aprenden a relacionarse con los hombres. Mamá también enseña a los niños a entender el mundo de las mujeres, así desarrollan una sensibilidad hacia ellas, y aprenden a comunicarse con ellas.

Está demostrado que las niñas que tienen una buena relación con su padre, y los niños con su madre, en el futuro suelen relacionarse saludablemente con personas del otro sexo. Cuando tengan que elegir una pareja, buscarán personas que se parezcan al modelo que tuvieron en su casa paterna. Cuando se casen tenderán a imitar los éxitos de sus padres y a rectificar sus fracasos.

Observando a papá y a mamá, los niños aprenden a distinguir entre los comportamientos adecuados e inadecuados hacia el otro sexo. Eso les aporta una prevención para el futuro contra posibles malos tratos. Ese modelo masculino y ese modelo femenino les aporta equilibrio y seguridad emocional, que obviamente no tendrían si los dos “padres” fueran del mismo sexo.






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PAPÁ Y MAMÁ LOS CREÓ - EDUCACIÓN DE LOS HIJOS




MAMÁ Y PAPÁ SON DIFERENTES

Los papás y las mamás, por el hecho de ser diferentes, aportan muchos beneficios al desarrollo emocional e intelectual de sus hijos. La paternidad y la maternidad son fenómenos únicos que se complementan en la tarea educativa. Cada uno aporta elementos que el otro no puede aportar.

Al poco tiempo de nacer, los bebés comienzan a distinguir las diferencias entre su papá y su mamá. Perciben que son físicamente diferentes, hablan diferente, actúan de forma diferente, visten diferente, huelen diferente y afrontan la vida de manera diferente. El niño y la niña observan a los dos y se van vinculando con el progenitor de su mismo sexo. Papá hace “cosas de hombres” y mamá “cosas de mujeres”, y así la niña aprende de su madre a vivir como mujer, y el niño aprende de su padre a vivir como hombre.

Por tanto, las diferencias entre papá y mamá proveen a los niños una gran diversidad de experiencias que no encontrarían en una pareja del mismo sexo.





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